sábado, 26 de marzo de 2011

Poemas de Sergio Rodríguez Saavedra (1963)

YA NO LEO A MARX NI MATEO


 Me limito simplemente a pensar
si el polvo tañe en las campanas o estos caminos
han regresado alguna vez al mar: si en sus lenguas
y lenguajes a todos cantaremos: si salivales
limpiamos aquel idioma empantanado en la ribera
y construimos risa la choza del ausente
o arroyo visitaremos niebla poblando
de musgo y gusano el destino de la casa natal:
Ya sé que pasar la edad de Cristo es entrar
al territorio de la muerte y la taberna: quizás
cuando la barca no sea su madera
estaré para remero descalzo
o cansado al fin de míseros tratos con la nada
plagiaré como tantos la voz ahogada
que ronda a quienes dejaron de nadar
contra la corriente:
                            Es hora de abandonar
la biblioteca a su candado porque no fuimos
ni el libro ni su llave: lo dijo el ángel
- anda sólo: yo tengo alas –
tal vez sea momento de guardar
para otros más veloces esa palabra ligera: mientras
un viento de todos los siglos tañe cada vez más fuerte
el polvo que nos empieza a llamar:


   
IMBUNCHES 1
(la metamorfosis)


Y si poseo
tanta tristeza
como un extraño insecto
de Kafka

              tal vez
              ha llegado el momento
              que me llamen Sr. Samsa

              y cierren
              de una vez por todas
                       esa maldita puerta.

  
CANTAR DE MARÍA DEVOTA


Si tengo lengua, pues lamo miel
y si dientes, entonces loba soy a tu sexo.

Aunque estés dentro del bosque
siguiendo huellas donde tienes mi caricia.

Soy María Devota, desde los quince
el cuerpo que arquea en tus manos.

La madre de algunos que vagan por el viento
jugando a ser gotas, pulsando la guitarra
como quien pulsa el destino, riendo cretinos
cuando pasan por hendijas llenas de sudor.

Soy tu bruja, ni se te olvide Comandante de la
Tierra, traerme una flor extraña, una rama ensortijada
una mariposa que anide el horizonte
que veré en tus ojos.

No te olvides bajarme la ganas
cuando vuelvas esta noche.

  

LA HORA DEL FIN SEGÚN EFRAÍN IMELCOY

 He apreciado una piedra.
No tiene esa majestuosidad del roquerío
ante la zarza de las olas
tampoco velocidad en la cruza del lobo
pero da forma al rigor del ángel
que deja luceros
como quien olvida otra mentira
sobre la mesa del bar.
He pulsado su clavija
tensando el alma de aquellos abandonados
y era su tacto un corazón fósil
su roce un beso mojado por la angustia
este siglo otro marino cansado de secar
las barbas
bajo un cielo perdido en las rutas del sud.

He apreciado esta piedra.
De ella entonces nuestras lápidas.

(de Tractatus y Mariposa, 2006)

Sergio Rodríguez Saavedra: Nacido en Santiago de Chile (1963) es Profesor de Estado y Diplomado en Literatura Latinoamericana Siglo XXI. Colaborador de reseñas críticas desde los años 90 en diversos periódicos y revistas especializadas como Literatura & Libros, El Siglo y Pluma y Pincel. Fue subdirector de revista Rayentrú (2000-2005), y Editor de reseñas del periódico cultural Carajo (2005-2008). Durante esos años organizó diversos encuentros de revistas de corto tiraje, denominadas micro-medios. Actualmente dirige el proyecto Santiago Inédito.
Su trabajo poético ha sido reconocido en diversos certámenes entre los que figuran la Beca de Creación  que otorga el Consejo Nacional del Libro y la Lectura (1999 y 2004), el Festival de todas las Artes Víctor Jara (1998 y 2002), Juegos Florales de Vicuña (2005), Stella Corvalán (2006), Premio Nacional Eduardo Anguita (2008). Ha publicado Suscrito en la niebla (1995), Ciudad Poniente (2000 - 2002), Memorial del Confín de la Tierra (2003), Tractatus y Mariposa (2006), y Militancia Personal (2008).

Selecciones de su obra circulan en antologías y muestras nacionales  y muestras editadas en Brasil, España, México y Estados Unidos.

2 comentarios:

  1. Un agrado esta lectura de poemas de Sergio Rodriguez, muchas gracias por compartir esta bella selección de textos,

    Leo Lobos

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  2. Cuidados poemas, me gustó especialmente IMBUNCHES 1. Se aprecia una especial dedicación en el ritmo y versificación. Gracias por los poemas, un placer de lectura.

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